9/11/2011

El alcohol hace que el pensamiento se detenga. Las flores ahora sólo son para los muertos. La música ya no se escribe: se diseña. De vez en cuando se escucha algún silbido en labios de quien recuerda con tristeza que todo pasado fue mejor. Las ciudades ya no arden, se desintegran en el silencioso pasar del polvo y -en algún lugar de ese rio de asfalto- alguien se hunde en la saliva de otro, buscando un choque que de nunca llegar a su boca celebraría el deceso; otra víctima de la post-modernidad. Entre Prada y Channel sólo hay suspiros vacuos. De Sarajevo sólo quedarán los ecos de la negación que occidente nos ha impuesto, aquella imposibilidad para sentir que algo bello se ha roto. Todo lo bello se completa; ya no hay espacio para faltar, para improvisar. Aún así, aquí, en el corazón de un mundo que se cae a plazos, en las fronteras de un prototipo humano; estamos en la carrera por un cuerpo, por una piel que nos recuerde algo que sentir.

-¿Ya ves? Todo está bien.

Cinco palabras que salieron de su boca cuando aún el vaho del vodka invadía sus pulmones; era claro que nada estaba bien pero ¿para qué alarmarle? Es el arte del siglo XXI: callar cuando todo se derrumba, mirar hacia otra parte y evadir las posibilidades de encarar el error, la interferencia, germen por lo demás de toda gloria.

Se ha perdido poco a poco el sentido de la decadencia, esa dulce mirada de mundo que impregnaba todo con lo más profundo de las comedias de la humanidad, con su pasión impredecible. El lobo-humano es ahora un dócil conejillo asustadizo, incapaz de permearse instintivamente sin confeccionar antes la excusa y la ley que reanima su incorrección y la justifica. Ya no hay espíritus libres sino libertades a sueldo, compramos cortesanas al polvo pues tememos vivir demasiado, sentir de más, ahogarnos en el error, extremar sus consecuencias, luego, despertar en algún lugar extraño. Hay que ver lo que ha sucedido, en detalle, hay demasiado horror por nosotros mismos, por la finitud. Las bajezas y las alturas. Existe un afán por pensar de más.

-Me gusta lento. Es perfecto.

Así, donde todo tiembla, donde se nos permite ser, otras cinco palabras inundaron la plenitud de la noche. La belleza anacrónica de su voz recordó en él que había demasiado tiempo para vivir, demasiados minutos entre los dos. Un golpe al goce: estamos vivos. De la completa embriaguez al absoluto placer, sin conexiones, sin transiciones; así es como la vida misma nos recuerda que antes de morir gratamente -dormidos- aún con los ojos bien abiertos la belleza está constituida por faltas, por saltos en el tiempo. No hay tal cosa como una consecuencia, hay acciones indiferenciadas que se translocan las unas sobre las otras y llevan angustiosamente el signo del azar. De todos los azares su cuerpo es sin duda virtuoso. De todos los azares: este texto. Lo sublime no tiene un sentido, es, en tanto carece de todo y sucede.

We passed upon the stair, we spoke in was and when

Although I wasn't there, he said I was his friend

Which came as a surprise, I spoke into his eyes

I thought you died alone, a long long time ago...

-No, not me

We never lost control

-You're face to face

With the man who sold the world.

No comments:

Post a Comment